El viajar me cambió. Desde nena mi sueño era viajar, conocer el mundo y comérmelo. Sin embargo, eran sueños que veían lejanos, porque yo no provengo de una familia donde el dinero. Y recién hasta mis 16 años pude viajar, por primera vez afuera.

He aprendido mucho de la vida y sus oportunidades, de los viajes y sus experencias, de la comida y sus culturas. He aprendido que todos somos de aquí y de allá, de ningún lado del todo.

Managua, Nicaragua.
La felicidad de ser turista.

Mi primer viaje se presentó a mis 16 años, recuerdo que mis papás y yo no cabíamos de la emoción, pues era la primera persona de la familia que salía del país. En el grupo de danza artístico en el que estaba en ese momento, tiene gira a Panamá, 5 días ¡y yo por supuesto iba de primera!

De Panamá aprendí la capacidad de asombrarme por todo, de maravillarme de cada detalle y vivirlo como si fuera la primera vez. De Panamá me llevo y le agradezco la capacidad que desarrolló en mí, para poder ser una niña impresionada ante las peculiaridades de la vida.

Luego cambié de grupo artístico, porque empecé a entender que nada es para siempre y que los cambios están viaje. Con esta nueva Compañía surge una invitación para bailar en el Teatro Nacional de Nicaragua (Teatro Rubén Darío) ¡y si, el Teatro Nacional de otro país! Yo estaba que no lo creía. Viaje a Nicaragua, para mí era un sueño tener la oportunidad de volver a viajar.

Managua, Nicaragua.
Cuando no tenés chance de quitarte el maquillaje de bailarina pero querés una foto. 🙂

De Nicaragua aprendí la hermandad y el apoyo grupal, aprendí que en un momento todos somos hermanos de todos y que la única forma de surgir hacia adelante es apoyándonos entre todos, a pesar de las diferencias. De la tierra de los nicas aprendí el significa de estar abierta a las posibilidades.

Para este mismo año surge otra gira: ¡EUROPA! Sí, ¡EUROPA! Yo no lo podía creer, tener la posibilidad de cruzar el charco, conocer el viejo continente y montarme por fin en avión era algo que dentro de mi cabeza no calzaba que fuera a pasar tan pronto y menos en el mismo año.

París, Francia.
¡Hola lindura! 🙂

De Europa aprendí el amor hacia las culturas, la diversidad. Se intensificó mi amor por el arte y mi amor por Costa Rica (pues ver a un montón de personas de culturas inimaginables, emocionadas por las danzas costarricenses y su música, es algo que definitivamente te reafirma el amor hacia tu propio país, la tierra que te vio nacer). De Europa aprendí que los sueños se hacen realidad, a pesar de las dificultades o circunstancias y que las oportunidades de la vida están allí, esperándote.

De Francia aprendí la belleza de vivir, que todo es hermoso. Aprendí el ser feliz en un país lejos de casa y que hablan otra lengua.

París, Francia.
Una tica feliz. 🙂

De Alemania aprendí que hasta los días oscuros y tristes, son buenos, que se disfrutan y se viven, porque al final, son también necesarios.

Frankfurt, Alemania.
Sonriendo hasta con capa en Frankfurt.

De Portugal aprendí lo pequeño y al mismo tiempo inmenso que es este mundo, conocí muchas culturas (el Festival tenía invitado a países de todo el mundo), probé muchas comidas pero entendí que a pesar de tantas diferencia la sonrisa y el arte con un lenguaje universal. Portugal me hizo enamorarme de las cultural.

 

Para ese mismo año mi familia (papá y mamá) fuimos a celebrar el año nuevo a Bocas del Toro, ¡era nuestro primer viaje juntos! Y fue increíble, Bocas es una isla paradisíaca.

De Bocas aprendí el valor de la familia, porque si bien es cierto, he tenido una familia increíble que han dado todo por mí, recién en este viaje, aprendí el valor de tenerlos.  Y querer las diferencias de los demás.

Bocas del Toro, Panamá.
Y el valor de las estrellas de mar, ¡claro!

Se estrena año e iniciamos viajando a Chile, ¡era la primera vez que viaja al Sur! Y yo no podía con la felicidad. Fue de los viajes más inesperados que tuve. Iba a ir a representar a Costa Rica bailando.

De Chile aprendí el amar. Sin motivo y sin razón, solamente amar. Aprendí que las sonrisas pueden sanar y que los amigos están ahí, esperando por vos, que solo que tenés que estar un poco más abierta.

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Mitad de año, mamá quiere viajar conmigo y decidimos irnos a Nicaragua, ¡primer viaje de mochilera! Y primer viaje sola con mamá. Fue increíble, conocí a una Nicaragua totalmente distinta.

Luego de tanto, mi sueño de niña seguía estando vigente: Conocer Argentina. Sabía que la iba a conocer, sabía que iba a cumplir mi sueño, pero lo que no sabía era cuando ni que iba salir tan de improvisto la oportunidad.

Viajé a Argentina sola, ¡y fue lo mejor que pudo pesarme! De ahí aprendí que de verdad los sueños se cumplen y que las vueltas de la vida son muy curiosas, que muchas cosas no salen como lo pensamos y que todo está bien.

Buenos Aires, Argentina.

Finalmente, después de recorrer mi vida viajera, llegamos al último destino (por el momento): México, la tierra de los aztecas. Fue un viaje super especial, pues fue en familia también, ¡pero era la primera que mi papá se subía a un avión! Ver su cara me confirmó que todo vale la pena.

De México aprendí sobre el amor hacia la historia, el amor a América, somos lo que somos. En México reafirmé mi amor por el Turismo Cultural y entendí que lo que hago con Turista en Costa Rica va más allá de mi pasión y amor por el país, lo que hago con Turista es un amor y pasión por las personas de este pequeño gran pedazo de tierra, es enamorar, cultivar y sembrar el cuido de las personas habitantes hacia la tierra que habitan.

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Viajar me hizo entender que estamos aquí y ahora, pero que mañana puede que estemos en el otro lado del mundo y al día siguiente en otro lado, pero que mi casa es mi alma, que mi casa está donde yo voy. Me hizo entender que los cambios están ahí presentes y que están bien. Que hay que moverse, como se mueve el cielo y el mar… y como se mueve la tierra. Me hizo entender que el aferrarme me va a joder, porque llegué sin nada y me voy a ir sin nada, solo momentos. Viajar me hizo entender que debo caminar siempre a fondo, sin importar el ritmo, pero avanzar, me hizo darme cuenta que tengo la suerte de elegir cada paso y ya eso es magia. Viajar me enseñó un poco más de lo que ya sabía de la vida, me hizo que entender que vaya donde vaya mi casa está dentro.

Viajar me cambió, las percepciones que tenía sobre el mundo, los paradigmas, pensamientos. Viajar me hizo entender que todo se puede en esta vida, que el viajar no es una cuestión de dinero, sino de valentía.

San Martin de los Anges, Patagonia Argentina.
¡La felicidad de mi libertad!

¡Viajar es una cuestión de valentía!

 

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